RUTA POR EL VALLE VERZASCA (SUIZA)

Si hablamos del Valle Verzasca, quizá muchos no sepamos ubicarlo en el mapa. Si decimos que sale en Goldeneye, la película de James Bond, nos empieza a sonar una presa gigante… Pues bien, el Valle Verzasca es un precioso valle de la parte baja de los Alpes del Lago Mayor y el Tesino en Suiza. Se encuentra rodeado de escarpadas montañas y regado por numerosas cascadas que desembocan en el río que le da nombre. Sus aguas turquesas, dignas de las mejores fotos de Instagram, sus piscinas naturales y el entorno hacen de este valle un lugar muy interesante para disfrutar de un día en familia si estás visitando la zona. Sigue leyendo para conocer los detalles de la ruta que proponemos en lo que llaman «Las Maldivas de Milán«, eso sí, con el agua muuucho más fría.

EL INICIO – Ponte dei Salti

Comenzamos esta ruta desde el aparcamiento localizado junto a la carretera del Valle Verzasca en Lavertezzo, una pequeña comuna de montaña en el Valle Verzasca. Es importante reseñar que, a pesar de lo recóndito del lugar y de pagar la hora a precio de oro, el aparcamiento se completa de buena mañana, por lo que conviene llegar antes de las 11 en época estival o en fin de semana.

Tras abandonar el aparcamiento, caminaremos aguas abajo del río para llegar al Ponte dei Salti (Puente del Salto) que se encuentra a nuestra derecha. El Ponte dei Salti es un puente medieval de doble arco construido en piedra que muchos utilizan de trampolín para caer en las turquesas aguas del río Verzasca. Aunque este arco es sólo el comienzo de la ruta, y tendremos que atravesarlo para proseguir nuestro camino, merece la pena pararse a contemplar su belleza. El color de las aguas es tan atrayente que estaréis tentados de montar campamento junto al puente y nada más llegar a la zona; sin embargo, os recomendamos que desechéis esta idea; el puente es una zona con mucho ruido y muy transitada.

Recuperados de la hipnosis que causa el puente y las hazañas de los intrépidos saltarines, toca reanudar la marcha al otro lado del puente, en la parte más boscosa y aguas arriba del río (es decir, doblamos a la derecha del puente).

En este lado del río Verzasca, el arte se funde con la naturaleza ya que el recorrido está salpicado por las obras de arte de la exposición “Un Sentiero per l’Arte”. Traducido como Un sendero por el arte, incluye un total de 20 obras de artísticas suizos, italianos y alemanes.

RECORRIENDO EL BOSQUE

Esta parte del recorrido comienza con un pequeño desnivel del terreno. Dado que el camino transcurre entre árboles, la subida se salva con los escalones que se forman entre las rocas y las raíces de los árboles. Estos desniveles (poco pronunciados) se encuentran a lo largo de todo el camino, pero en algunos tramos hay que tener cuidado pues están cerca de la pendiente que desciende hacia el río.

Una vez alejados de la zona cercana al Ponte dei Salti, llegaréis a una zona más ancha del río en donde se forman pequeñas pozas de aguas más tranquilas. Esta zona se llama Spiaggetta dei Sassi, lo que traducido sería Playa de Guijarros. Aunque no es una zona muy amplia, hay espacio suficiente para poder hacer un picnic, darse un chapuzón y disfrutar el entorno. Mucho cuidado con salirse de la zona de las pozas ya que la corriente puede ser fuerte.

Siguiendo por el camino del bosque, pasaremos delante de unas construcciones en piedra totalmente derruidas. Incluso una de ellas se ha convertido en una curva al derruirse el techo y dejar una cavidad (ojo, ¡no pasar!, sólo asomarse desde fuera). Es increíble ver cómo la vida del bosque ha integrado perfectamente las construcciones y las piedras están llenas de musgo.

Pocos metros después de las construcciones derruidas, la frondosidad de los árboles queda interrumpida porque hay que cruzar un afluente del río. Para ello hay que trepar por las rocas y cruzar pequeños pasajes de metal que permiten salvar los saltos de agua. Tras atravesar el afluente, se abre de nuevo el camino por el bosque.

Al poco de coronar unas escaleras de madera, veremos al otro lado del río una agrupación de casas pertenecientes a la comuna de Brione en el Valle Verzasca. Es aquí donde se encuentra el puente de metal que nos indica que la ruta ha llegado a su fin y emprender el camino de vuelta. Pero si las fuerzas de los peques flaquean, un adulto puede regresar al aparcamiento de inicio caminando por la carretera (sería como hacer una ruta circular); mientras, el resto del grupo espera tomando algo en un bar cercano al puente. No recomendamos hacer la ruta circular con niños para evitar que éstos caminen por una carretera con muy poco arcén.

DATOS PRÁCTICOS DE LA RUTA
  • Tipo de ruta: Lineal. Se puede hacer circular pasando por un tramo largo de carretera (no recomendable para hacer con niños).
  • Distancia: 3.5 km (ida). Si se hace circular son 6 km (no recomendado para niños pues hay un tramo de 2,5 km por carretera).
  • Tiempo: 3-4 horas (parando para comer y chapuzón)
  • Dificultad: Media. No hay mucho desnivel pero el sendero discurre entre rocas y las raíces de los árboles. Además la zona de agua puede ser peligrosa con niños muy pequeños. Recomendable a partir de 4 años.
  • Servicios en la zona de inicio-fin de ruta:
    • Aparcamiento (de pago: 2€/h por un máximo de 5h)
    • Restaurantes y bares en los pueblos de la zona
    • Zona de baño pública
    • Exposición “Un Sentiero per l’Arte” (esta ruta lo recorre parcialmente)
  • Carrito: No.

Este es un croquis de la ruta en el que se incluye el recorrido y los lugares de interés así como la alternativa para hacerla circular:

Si quieres conocer más sobre Suiza, sigue el siguiente enlaces:

ESCAPADA CON NIÑOS – SUIZA (CANTÓN DE ZUG)

Suiza es un destino perfecto para viajar con niños pues ofrece muchas actividades y servicios pensados para familias. Sin embargo, antes de comenzar el viaje hay que tener en cuenta que es un país caro, muy caro, a pesar de que los vuelos puedan ser relativamente económicos. Para hacernos una idea, de media, hay que multiplicar por tres los precios de España. Una vez mentalizados de este aspecto, ya sólo queda disfrutar de un país lleno de posibilidades muy interesantes, tanto para niños como para adultos.

En nuestra escapada de cuatro días al país de Heidi visitamos la casa que nuestros amigos José y Marta disfrutan junto a sus preciosas hijas en el cantón de Zug, en el centro de Suiza. Su cercanía a las ciudades de Lucerna y Zurich y la buena comunicación en transporte público entre las ciudades (tren y autobús), lo hacen muy atractivo como campamento base.

Llegar a Zug desde el aeropuerto internacional de Zurich es relativamente sencillo ya que existen trenes con bastante frecuencia. Además, si tomáis los trenes InterRegio de dos pisos, los niños disfrutarán del vagón infantil que además de estar decorado, cuenta con tobogán y otras atracciones para amenizar el trayecto.

Viajar con niños a países de frío puede dar mucho vértigo pero como dicen los de la zona, no hay tiempo malo sino ropa inadecuada. Es por ello que, a pesar de las bajas temperaturas, decidimos combinar las visitas culturales a las ciudades con actividades al aire libre. Para planificar el viaje con niños y buscar actividades, recomendamos la aplicación gratuita Family Trips.

En nuestro primer día visitamos Lucerna, considerada una de las ciudades más bonitas de Suiza, con su característico puente de madera cubierto Kapellbrücke. Recorrimos su casco antiguo y disfrutamos de sus casas pintadas con frescos. Además, como coincidimos con el Festival de Blues de la ciudad, el ambiente en las calles era increíble, a pesar de la lluvia había música y disfraces por todas partes. Antes de terminar la jornada en una chocolatería, (cuya visita es inevitable) visitamos el León Herido de Lucerna, un león gigante esculpido en la roca junto a un lago que nos impresionó a todos.

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Tras el día de visita cultural a Lucerna y una noche entera nevando, pasamos un precioso día en la montaña disfrutando de la nieve en Ratten. A pesar de no practicar ningún deporte, tirarse con el trineo, hacer guerras de bolas y dar vida a muñecos de nieve dio mucho de sí (más aún siendo la primera vez que los niños veían tanta nieve). Terminamos la jornada deportiva tomando un chocolate caliente en la típica cabaña-restaurante de montaña; aunque el chocolate lo pagamos a precio de oro, ocho euros por unidad, resultó reconfortante recargar fuerzas tras tanta actividad.

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Aprovechando que el tiempo nos daba una tregua, la mañana siguiente la pasamos haciendo una ruta en bicicleta. La bicicleta es un medio de transporte muy extendido en Suiza por lo que es sencillo encontrar tiendas de alquiler. Nuestro recorrido bordeando el Lago de Ägeri desde el pueblo de Unterägeri nos ofreció unas vistas impresionantes de la zona. En nuestro camino encontramos varias granjas, por lo que las paradas fueron frecuentes para ver a los animales de cerca. También pudimos visitar las tiendas de las granjas, unas pequeñas cabañas donde se puede adquirir leche, mantequilla, huevos y mermeladas producidos en las propias granjas.

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Después de la ruta junto al lago, hicimos una visita fugaz a la ciudad principal del cantón, Zug. El casco antiguo de la ciudad y las vistas al Lago de Zug son muy bonitas. Además, junto al lago los niños podrán divertirse viendo el Vogel Voliere, una pequeña exposición al aire libre de aves de los distintos lugares del mundo.

20161201_211603El último día en Suiza lo pasamos en Zurich. Estuvimos paseando por la avenida Banoffstrasse desde la estación de tren hasta el Lago Zürisee, la avenida con más joyerías por metro cuadrado. Al llegar al lago empezamos a callejear encontrándonos con pequeñas relojerías, joyerías y chocolaterías muy coquetas y llamativas. Antes de volver a la estación de tren para dirigirnos al aeropuerto, entramos en la impresionante juguetería Franz Carl Weber. Vimos unos juguetes tan chulos que salimos de la tienda con la carta a los Reyes Magos preparada.

Llegar 20161202_070832al aeropuerto desde Zurich nos llevó unos 15 minutos por lo que la espera para coger el vuelo la pasamos en la sala infantil del aeropuerto. La sala está perfectamente equipada para los niños y sus padres, lo que deja un buen sabor de boca de un país preparado para familias.

Sin duda nuestra escapada se quedó corta por lo que esperamos volver a Suiza y hacer las múltiples actividades que se nos han quedado en la lista de deseos. Quizá sea en verano para disfrutar del país desde otro punto de vista.