Viaje escapada con niños – Playa de Bolonia y Ciudad de Cádiz

De vacaciones por la costa del sol (Estepona – Málaga), decidimos hacer una escapada rápida a la ciudad histórica conocida como la Tacita de Plata, Cádiz.

PLAYA DE BOLONIA

Aunque nuestro destino estaba a menos de 2 horas en coche, planificamos una parada a medio camino para disfrutar del Caribe español, en la Playa de Bolonia.

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De camino, pasado Algeciras por la carretera de la costa N-340 y tras pasar el desvío a Tarifa, nos encontraremos un cartel a la izquierda que nos indica el camino a la playa. A partir de ese momento nos esperan 7 kilómetros de carretera «mala» como diría mi madre (carretera estrecha con curvas). Afortunadamente el trayecto está amenizado con el avistamiento de vacas, burros, caballos y toros hasta llegar frente a la playa.

Aparcar muy cerca de la playa es posible pero siempre es recomendable llegar antes de las 11 horas, ya que después comienzan las búsquedas interminables para encontrar un hueco. Normalmente hay jóvenes de la zona que te indican los huecos y a los que hay que dar «la voluntad».

Una vez en la playa podréis disfrutar de una arena finita y blanca con kilómetros hacia un lado y otro. Al fondo a la derecha según se mira al mar, podréis visitar la duna, una lengua de arena increíble a la que se puede subir pero es recomendable para niños con buen aguante. Y si tenéis tiempo también podréis visitar gratuitamente las ruinas romanas de Baelio Claudia y una zona de barros para la piel.

La playa es perfecta para jugar y nadar con los niños, ya que tiene una gran extensión de arena cuando baja la marea y puedes andar muchos metros para adentro del agua sin que cubra. Recomendable llevar sombrilla con buena sujección, ya que suele hacer mucho viento y mucha protección solar ya que la arena es blanca.

Para comer hay varios «chinguiritos» como dice ni pequeña, así que hay donde elegir. Nosotros comimos en el Chiringuito La Duna a base de pescaito frito pues estando Cádiz es lo que toca. Para evitar largas esperas es recomendable comer tempranito, horario «guiri», que además los niños hasta lo agradecen y así no están en la playa a las horas «malas» de sol.

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Después de comer y echar un ojo a los puestecillos hippies, retomamos nuestro viaje hacia Cádiz, pues nos esperaba otra horita de camino, así que buena siestecita para la pequeña de la casa.

la ciudad de cádiz

Cuando llegamos a Cádiz lo primero que hicimos fue dejar el coche cerca del apartamento que habíamos alquilado y así olvidarnos de él durante nuestra toda nuestra estancia pues es una ciudad para patearla. Aparcamos el coche en el parking de Santa Catalina que son 14,40€ todo el día (en comparación con Madrid, ¡toda una ganga!).

En Cádiz hay multitud de opciones para alojars,e pero nosotros preferimos alquilar un apartamento a un hotel, pues hay mas espacio y dispones de las mismas comodidades que en casa (lavadora, cocina, etc.). Nuestro apartamento, cómodo y acogedor, fue el  Blue Soul de la Casa de la Alameda, a tan sólo dos calles de la Playa de la Caleta, localizado estratégicamente en pleno Barrio de la Viña . Desde aquí saludamos a Víctor y Carmen por su buena acogida y recomendaciones sobre la ciudad.

 Una vez instalados, nos preparamos para visitar la ciudad, armados con el plano, agua y varios tentempiés para la merienda.

 Cádiz es una ciudad muy abarcable a pie, con muchas zonas peatonales, pero hay que destacar que está completamente adoquinada por lo que dificulta el uso del carrito. No es imposible usarlo (de hecho nosotros lo hicimos con uno de ruedas pequeñas), pero hay que armarse de paciencia y ejercitar bien los bíceps.

Desde el apartamento, nuestro primer destino fue el Parque Genovés, un jardín botánico gratuito con cascada, cueva  y dinosaurios incluidos. A nuestra niña le encantó, no paramos de hacer fotos a las flores y correr por los «laberintos» entre los arbustos.

 Siguiendo la costa, llegamos al Parque de la Alameda con árboles milenarios que impresionan y pescadores de urta que charlan con los niños que curiosean en los cubos de agua para ver la faena del día.

20160721_191147Una vez recorrido el parque nos adentramos hacia el centro de la ciudad para ver la Plaza de la Mina y la Plaza de San Antonio. De esta última plaza sale una calle muy bonita y peatonal que es la calle Ancha con varias tiendas para hacer shopping y recorriéndola un poco más, llegamos a la la Plaza Topete, para luego llegar a la Catedral de Santa Cruz. Escuchar el toque de las campanas sorprenderá a los pequeños que podrán correr libremente por la plaza, ya que es peatonal y jugaran a subir y bajar los escalones.  Justo a la izquierda de la Catedral está el Arco de la Rosa que atravesaremos  para callejear por el Barrio del Pópulo, el más antiguo de Cádiz.

 Volviendo a la Catedral, nos dirijiremos hacia la Plaza de las Flores para ver el Edificio de Correos y el Mercado Central con sus exposiciones de pintura en el exterior. Aquí se puede tomar un pescaito frito o alguna tapita.

 En funcion del tiempo disponible y del aguante de los niños, podreis ir a cenar o continuar callejeando previo paso por el campo del Sur para ver la Catedral y la «Habana de Cadiz«.

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En nuestro caso, el hambre hacia mella así que fuimos a cenar a la Plaza del Tío de la Tiza al Bar Pájaro Tinto (Taberna «El Tío de la Tiza») donde tomamos unas raciones espectaculares y típicas de la zona (huevas fritas, tortillitas de camarones, chicharrones, etc.). Lo bueno de este restaurante, aparte de lo pintoresco de la plaza y la buena comida,  es que está junto a otra plaza con un parque infantil muy grande que simula el Gran Teatro Falla donde los niños podrán jugar a sus anchas.

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Después de cenar, fuimos a ver la puesta de sol entre el Castillo de San Sebastián y el Castillo de Santa Catalina en la Playa de la Caleta… y allí despedimos nuestro día de playa y visita cultural.

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 Al día siguiente y con las pilas cargadas, desayunamos en el Bar El Periquito cercano al apartamento, donde los molletes y los churros recién hechos estaban de vicio.

 De nuevo pasamos por la Playa de la Caleta para dirigirnos hacia el Castillo de San Sebastián para lo cual cruzamos el Arco de la Caleta y «caminamos» sobre el atlántico hasta llegar al castillo y el faro.

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De nuevo en tierra, decidimos dirigirnos a la Torre Tavira pasando por el Gran Teatro Falla, sede del carnaval gaditanoy la Plaza san Felipe Neri. Al llegar a la Torre y mirar hacia arriba nos dio un poco de vértigo pensar en subir los 158 escalones con la niña, pues el ascensor, de momento, es sólo un proyecto en el que se está trabajando. Lástima no visitar Cádiz desde los aires y en 360 grados ni la cámara oscura que tanto nos han recomendado.

Después de seguir callejeando, el calor y el hambre empezaban a notarse por lo que decidimos dar un paseo en catamarán hasta llegar al Puerto de Santa María pues por menos de 3€ por pasajero y trayecto das un paseo de 30 minutos por la Bahía de Cadiz. Cuál fue nuestra sorpresa al ver los horarios del catamarán y ver que a mediodía no habia salida hacia el Puerto… lo que nos enseñó una cosa, ¡hay que comprobar los horarios con antelación!

Dado que ya era casi la hora de comer y la pequeña empezaba a cansarse, decidimos regresar a nuestro cuartel de Estepona, sin olvidar que queda pendiente para la próxima visita a la Tacita de Plata, la subida a la Torre Tavira y el paseo en barco por la Bahía de Cádiz y es que dicen, y es cierto, que Cádiz enamora.